Pues sí, el sábado por la noche me puse a hacer toñas, ¿pasa algo?

La receta me la dio mi bienamada madre. Pasada de madre a hija - antes, la cocina, los que meamos de pie, no la trabajábamos - la susodicha llegó hasta mí gracias a mi porfiado e inusitado interés por continuar la cadena. Tras el bufido inicial - ¿excepticismo?, ¿molestia? - ELLA accedió a contentarme. Sus indicaciones apenas llenaron una pequeña página de bloc de notas de 5x4 pulgadas. No hay nada peor para un novel en cualquier matería que te dejen con los conceptos y no te digan qué hacer con ellos.
Compré la masa de pan, tomé prestadas unas nueces, me hice con un rodillo y una base de madera, robé un limón y tenía el anís que iba a darle el toque mágico; especial...
El caso es que me sobró la mitad de la masa, devolví las nueces que sobraron, del rodillo y la base me pasé diez minutos despegando grumos, el limón yace en una bolsa de basura y el anís... ays, el anís. La próxima vez intentaré acordarme de usarlo.
El resultado es apenas masticable. Sabroso... en el fondo. ¿Existirán los catadores de toñas? Seguro que le sacarían un toque a barrica de roble o rodillo de pino.

Pero, ¿lo mejor de todo?, lo intentaré de nuevo. La gente parece olvidar las tradiciones. La vida moderna es un bombardeo de información que nos despista de las cosas que nos gratifican dejándonos con una satisfacción minúscula. Tan insignificante es, que a veces pienso que todos buscamos el origen, el punto de anclaje, el vórtice donde todo comenzó. El átomo. Ese pequeño cabroncete ionizado, con su pelo a lo afro dando vueltas a su alrededor; trabajando con ahínco junto a sus congéneres para seguir misteriosos patrones y dar como resultado nuestra realidad. Me gustan los átomos. Pero en realidad no sé por qué hablo de ellos. Lo que quería expresar es que sólo cuando vemos resultados, nos sentimos realizados. ¿Qué mejor resultado para una elaborada noche de sábado que conseguir unas toñas incomestibles? Bueno, unas, sabrosas y agradables al mordisco, lo sé. Pero conseguí hacer algo por mí mismo, con concentración, con intención y sé que igual lo que quería no salió conforme..., pero lo lograré la próxima vez.

Todo esto... porque tengo fe en los átomos.